Ana Carvajal Jíménez. Si…If…

                                            

                                                

Prólogo

 Cada día estoy más convencida que toda mujer con pareja, o incluso hombre, en  algún momento de su vida ha experimentado lo que a continuación expresa una mujer en esta carta. No sé si por suerte o por desgracia, la mayoría tienen los hombros en la cabeza , y no se adentran en vivir  lo que mi querídisimo Neruda llama: “Vivir una de esas pasiones que le devuelven ese brillo tan especial a tus ojos” . Pero también confundimos la pasión con lo carnal, y obviamente no es así. La pasión es todo aquello que te hace sentir viva, que te hace despertar con una sonrisa por la mañana, lo que te hace sentir que todavía y a pesar de los años, eres como una adolescente. Esa pasión te descubre que todavía eres una romántica empedernida y que realmente sigues creyendo  en los amores platónicos e imposibles, que crees en los finales felices y que se puede amar sin esperar recibir nada a cambio. De pronto te encuentras canturreando, bailando en medio del pasillo,  y dos horas delante del espejo intentado decidir que conjunto favorece más al color de tus ojos o tu pelo. Lo más tierno y más admirable de esta pasión, es que sabes  que no es correspondida, y aún así te sientes tan viva… Pues bien, ahora me gustaría que leyérais una carta de amor que llegó hace mucho tiempo a mis manos, y seguro que casi todos sonreiréis, poque el que más o el que menos, sabe a lo que me estoy refiriendo.

 

 

Si…

Si tú no hubieras tenido pareja, ni yo tampoco, no llevaría tantísimo tiempo, cada noche, delante del ordenador buscando la forma de decirte que eres mi primer pensamiento cuando me despierto.

 Si no nos rigiéramos por las reglas y las composturas, y me dejara guiar por mi impulsividad, hace mucho tiempo te hubiera dicho que nunca olvidaría la primera vez que te vi; la sonrisa tan bonita que tenías; la paz que me inspiraste… y todo, a pesar de ese tono de seriedad que siempre se vislumbraba en tu rostro.

 Si no hubieras tenido la familia tan maravillosa que tienes, me hubiera lanzado al fondo de la piscina para que tu mano me rescatara.

Si no hubieras estado comprometido hubiera intentado conquistarte… La batalla hubiera sido dura. Pero no me hubiera importado, las batallas ganadas o perdidas han sido y serán la gran pasión de mi vida.

Si todo hubiese sido distinto, al menos hubiera tenido  la satisfacción de haberte dicho lo que sentía.

Si alguien no me hubiera llamado por teléfono aquel viernes por la noche, contándome lo fantástico  que eras, yo no hubiera cambiado de idea y hubiera seguido mi camino sola. Pero, entonces, no te hubiera conocido, no sentiría lo que siento, todo hubiera sido distinto. Y nunca me perdonaría no haber experimentado lo que siento.

Si todo hubiera sido distinto, yo no estaría escribiendo la carta que nunca le escribí a nadie, y que nunca imaginé que escribiría.

Si no me hubiera enamorado de quien no debía, nunca hubiera vuelto con quien ya no quería.

Si yo me hubiera dado cuenta antes de que lo que sentía no eran fantasías, mi corazón no se hubiera roto mientras observaba como desaparecías entre la gente aquella noche . Y te hubiera parado, y te hubiera dicho, y te hubiera gritado:! No te vayas, espera , por Dios!  Por favor, te pido tan sólo que seas mi amigo, tan sólo que estés ahí, tan sólo que seas muy feliz, pero por favor no me eches de tu vida.

Si todo fuese distinto, al menos comprendería por qué dejaste de estar ahí. Por qué al igual que él, me dejaste sin respuesta , me heriste con el silencio y me ignoraste con tu indiferencia.

Si realmente hubiera sido tan valiente, no me hubieras dado la espalda, y me hubiera merecido, al menos , un triste enhorabuena, cuando creía que toda mi vida me daba la espalda.

Si me arrepintiera de decirte o escribirte esto,no sería honesta conmigo misma.

 

 

No deis de lado a quienes os hayan amado , querido o apoyado. No deis de lado los buenos sentimientos. No malinterpretéis lo que es claro e inocente. No dejéis llevarse por el orgullo. No seáis injusto con quien no se lo merezca. Y nunca permanezcáis en silencio, pues éste destruye, ahoga, debilita y apaga las grandes pasiones de la vida. Y al final te cuestionas si esa persona realmente se merecía una pieza única, esta carta llena del más puro tesoro: la sinceridad…Y no defraudéis a aquellas personas que han apostado por vosotros y han puesto toda su fe en ello. Si queréis que alguien se marche de vuestra vida, sed sinceros, pero no la desprecies, porque duele, y mucho.

 

  Ana Carvajal

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